No puedo realmente sacar los ojos de ti… Está claro. Es muy simple, sencillamente te veo y no puedo sacarlos.
Llegué al bus, y pegué unos cuantos vistazos. Había mucha gente. El fondo del bus estaba lleno, y claramente no cabríamos todos. Por lo mismo, le tomé la mano (creo) y buscamos un asiento rápidamente. Nos sentamos juntos, y yo saqué la guitarra… Animar el trayecto era mi misión. Misión que adquirí no se cuando, ni cómo, pero la tengo. Y me he tenido que acostumbrar. Ya son muchos los trayectos donde junto a mi guitarra, mi horrenda voz, y un animo que no se de donde sale, hemos cantado todos juntos y hemos inventado cosas muy entretenidas.
Ahora, me tengo que desacostumbrar. Todo porque ella me lo pide. Así es esto.
Nos sentamos, y ella me prohibió eso de tocarle al público que tanto lo imploraba… Y como buen rebelde, ni lo dudé, y empecé a tocar. ¿Me viste cara de tonto? Pues lo soy.
Deben haber sido unos 10 minutos, que en verdad para mí fueron como 2. De todos modos estoy tan arrepentido como un jarabe para la tos en un estadio de fútbol americano.
Al llegar a la escuela, me di cuenta del tiempo perdido en esos 10 minutos. Noté que su presencia no figuraba junto a mis brazos ni mis manos, que ahora su presencia se unía a un hombre de larga figura y pequeña cabeza… Bastante alarmante. Debía sacarla de ese problema cuanto antes.
No tengo idea de cómo lo hice, pero conseguí tenerla junto a mi para conversar, charlar. Tal vez hasta dialogar. Me senté con ella, y le saqué toda la información que pude… Tanta, que el shock fue tremendo. Creo que mi cara se desfiguró 83 veces en 6 milésimas.
Después vino tal vez uno de los momentos más lindos de mi vida, que no es fácil de explicar por letras o por signos. Solo el sentimiento vivo de un corazón que latía como no lo había hecho en mucho tiempo puede expresar esa vivencia. Y el amor que existió en esas miradas fue el que determinó una vida que vendría más tarde.
Me retiré, algo sorprendido. Creo que les conté la hazaña a unas 3 personas. Sorprendente, y no me podía cansar de repetir la escena en mi mente. Una y otra vez, como una película en cual tratamiento Ludovico.
En la noche, en la oscuridad, en las penumbras de un pasillo, en la vida. Todo se vuelve distinto, pero increíblemente positivo. Increíblemente todo fue al otro mundo, al cielo tal vez, no se, pero todo se hizo realidad, y pude hallar mi vida como un regalo tendido en las terrazas del paraíso. Y ahí fue cuando me di cuenta de lo bello que era sublimar un año entero de esperanzas y derrotas, de añoranzas y decepciones. Frustraciones que iban y venían, hasta que llegó el momento justo, en el cual tomaste mi mano, te me acercaste, y un ángel tocó su arpa por horas y horas, hasta que el cansancio y unos ojos que, de tanto estar cerrados, querían dejar de soñar por unos minutos. Tanto soñar los había desorbitado, y de repente aterrizar sería claramente necesario para que su vida se mantuviera plenamente humana, sin acercarse a esa hermosura divina.
Claramente estoy siendo un blasfemo, pero bueno, a veces no me canso de repetir lo que repetí en todas esas líneas.
Noticias cansadas, grupos que separaban, historias que se difundían y se alejaban, para ser reprendidos por los mayores que solo querían que la comunidad se adueñara de nuestros rumbos, dejando nuestras almas y lazos de lado.
Pasaron los días, llegaron los ángeles, las inspiraciones, las miradas se forjaron, y creo que claramente se enseñó al mundo que el seguir mirando a nuestro objetivo es la misión del ave que ataca una presa solo para tenerla en su interior, y amar ese sentir como el nacimiento del propio hijo.
Día martes. Separaciones, despedidas, besos que solo pretendían mentirle al planeta.
Aún así te miro y creo que eres lo mejor entre plutón y babilonia.
Me encuentro, me observo, y sin resistencia alguna, te pertenezco.
En busca de ese destino, en busca de esa llegada.
Dios mío… Solo falta que haga esa pregunta.
Y que tú llegues, me mires.
Te acerques a mí.
Seamos claramente, el cielo, las estrellas.
Me acaricies como jamás lo hizo ni mi madre.
Un beso quizás sea la respuesta a la pregunta.
Tal vez sean solo palabras.
Pero hay un resumen.
Y tú lo sabes.
Mañana te lo digo.
Ni se te ocurra quitarme las palabras antes de que te las diga.
¿Entendido?
Mejor lo digo.
Pero no le cuentas a nadie:
El amor.
Para la más linda.
viernes, enero 13, 2006
lunes, enero 02, 2006
Y en la misma fantasía.
Pasa que a veces nos encontramos con un par de sonrisas. Esas sonrisas se encuentran, se miran, a veces se alejan, y otras veces se acercan... Y hubo una vez en que esas no dudaron en acercarse.Quedaban pocas horas para la fiesta anual de despedida anual, y me enteré que los lazos se habían cortado. Estuve unas tres horas haciendo un carnaval, donde compré serpentinas, tomé champaña, y además comí papas duquesas con reineta. Luego, me enteré de que los lazos cortados desenlazaron en una buena amistad. Eso, me dejó más alegre aún, por lo que me comí tres choripanes.
Se acercaba la hora de la celebración, y me enteré además de que a ella le prohibieron celebrar como era debido.
- ¿Como que no?
- No poh, no me deja. Si es más pesá - Me dijo, con una profunda decepción
- Pero pucha... ¡No puede ser! - Respondí acongojado.
Creo que debemos haber estado 5 horas discutiendo para buscar una solución. Y finalmente, la solución salió gracias a mis padres, que se ofrecieron a acarrearla ambas veces, en la ruta de llegada y de regreso.
Así, emprendimos viaje… A las 2 de la mañana llegamos a un brillo donde bailamos, conversamos, y hasta regaloneamos. Por culpa de sus cortos permisos, tuvimos que regresar temprano al hogar, y en el camino de vuelta, mi cabeza reposó en su regazo como si fuera un rico almohadón. Ahí, gocé con sus cariños, sus manos que acariciaron mis brazos, mi pelo, mi cara, mis manos… Incluso, nuestras palmas se entrecruzaron y entrelazaron. Creo que la escuché murmurar cosas a otro sujeto que iba sentado al lado, pero no le presté importancia… Total, el centro estaba ahí. Ella, yo. Nada más. Ella, yo, y la belleza de dos manos que se toman.
Hasta que llegamos a su morada, y se acabó todo eso de regalón. Llegamos, y tuve que bajarme, acompañarla hasta adentro, decirle adiós.
Adiós.
Buenas noches.
Llegué a casa, un poco de guitarras y aceitunas, y a dormir.
Hoy fue distinto.
Desde las 14 convenciéndola a asistir a un asado que moriría por su culpa. Deben haber sido 8 llamados por teléfono. Y finalmente, ella fue la que hospedaría. Su lecho brindaría la hospitalidad para ver un filme que nunca fue visto, sino que la visión fueron sus brazos y sus manos, cuya hermosura cautivaría hasta al más insensible.
Bueno, a mi me cautivaron.
Un oso que era humano, acompañado de un oso, y un águila que era humano, y un chino que era mexicano, fueron el primer capítulo.
Ahí, creo que mis brazos recorrieron los suyos, y aproveché de demostrarle el afecto guardado y almacenado desde hacía mucho tiempo. Pues vale la pena esperar un año, así es. No lo duden chicos, crean en sus malditos horarios de espera. Luego, arañas rojas con ojos de plástico y caucho, y hombres con cortes de bacinica y cuatro brazos de metal, fueron el segundo escenario. Ahí fue cuando Bobby (Mr. Bobby) me hizo de cojín, y pude descansar realmente joroscho. Aparte, además de descansar, pude querer y soñar. Esperanzarme, llegar más alto, volar tal vez sobre el techo del puto Hyatt.
Lindo.
Final, llegó la despedida.
Tres besos, abrazos, y una situación extraña que no entendí. Por eso fue que en el camino solo atiné a mirar las estrellas, la luna, y de repente a los caminos recientemente pavimentados.
Al llegar al hogar, reaccioné únicamente a llamarte.
Y el soñar con esos seres no se relaciona con soñar contigo.
Por favor no seas ilusa, y entiende tus diferencias con esos inferiores alados que tocan arpas sagradas para dormir.
Total, es la misma fantasía.
Adiós nena, nos vemos el miércoles, porque los niños necesitan nuestra ayuda.
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