martes, noviembre 22, 2005

Me encanta bailar con mi pareja (Y tal vez con sus amigas)

¿Que haría si de un momento a otro, todos los momento que había criado desde mi nacimiento, escaparan, tal vez se perdieran, o incluso, me diera cuenta que nunca existieron?

Raro cuestionamiento.

¿Que pasaría?

Derrepente, pasé de ese griterío alegre y enérgico, a ser una nada. A estar ahí... A ser solo para escuchar. Mi consuelo fue que al escuchar, tal vez viví un revoltijo de emociones tan hermoso que ni ella, ni nadie podrá hacerlo desaparecer de mi memoria.
El llevar horas de reflexión no me sirve de nada... Es solo la vida, la experiencia y el sentir lo que me pueden dar una certera respuesta.
Por ahora me queda una sola solución: Mi fe en el señor, en que me ayudará... En que nos ayudará. En que cuidará de mi como lo ha hecho por toda mi vida... En que nos cuidará como siempre. En que su calor nos abrazará como nunca ha dudado en hacerlo. En que nos enseñará una luz en medio de esas horrendas tinieblas. En que nos dirá una sola palabra para sanar por completo nuestra alma.

Y entre toda esta gente, no fuimos a encontrar
parecíamos predestinados para así bailar...





Tal vez podrán decir que soy un soñador,
pero no soy el unico.
De hecho, me encuentro acompañado por los más soñadores
y quien sabe,
tal vez nuestro sueño
construya nuestra nueva verdad.

Ojalá estuviera sintiendo tu vertigo...
Tal vez te podría dar esa cosa, que con tanto anhelo mi corazón te quiere entregar.

lunes, noviembre 07, 2005

Necesidad de canciones.

- Te tienes que dar cuenta que no estás casada, simplemente estás pololeando… No estay ni casada, y mucho menos de novia. ¿Cachai weón?
Ahí fue, en ese preciso instante, que ella abrió sus ojos hacia el techo y no pudo evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas.
El silencio se apoderó del comedor, y mientras yo solo comía mis tallarines, notaba que esos pequeños segundos tranquilos (si se les puede llamar así) estaban prontos a ser una explosión.
- Yo creo que hay que estar agradecidos por que tiene un buen chiquillo que la quiere…
- ¿Qué? – Dijo.
Justo ahí, en este preciso instante, fue que la destrucción decidió asomar su rostro.
- Eso poh, tu sabí. Si las niñas allá en Inglaterra…
- Ya, ya…
- Ellas cuando eran niñas…
Justo ahí estalló.
- ¡¿Y por qué conchetumadre tení que meter gente exterior a nuestro entorno en donde no tienen nada que ver?! – Gritó, con los ojos rojos y con un bolo alimenticio que casi caía por sus labios.
- Tranquilo, si yo solo digo…
- ¡Otra vez te viniste a pasar mi autoridad por la raja! ¡Por la conchetumadre tu estay dejando en claro que yo valgo callampa acá!
- Las niñas son solo un ejemplo…
- No, no, no. ¡No me vengai con weas! ¡Como no cachai que estas weas no se hablan en la mesa!
Yo solo miré la ensalada de tomates, que extrañamente cada segundo iba tomando un color más rojo. Incluso, creo que la lechuga del lado también se empezó a teñir de esa forma.
- Papá, pero, que te importa… - Interrumpió el único agente que no se había pronunciado
- ¡Puta la wea si tu mamá cree que esto es un lugar para llegar y tirar abajo al padre!
- Nada que ver. – Interrumpió la aludida.
- ¡Pero por la conchetumadre, si esta weona sabe que si yo tengo algún pensamiento, soy el padre, y tengo todo mi derecho para expresarlo, y ustedes solo tienen que acatar!
No pude evitar recordar una película que había visto esa misma mañana. “La caída” era el nombre… Mostraba el hundimiento del reino de un maldito dictador alemán, que además de ser un rufián, no se daba cuenta de que sus bigotes eran uno de los inventos más antiestéticos de la historia.
Aunque, lo del bigote no va al caso.
- Hombre, creo que te equivocas.
- No weón, no me equivoco. ¿Acaso no entendí que cuando tu me querí tirar mierda tení que hacerlo en la pieza, en la cama, o en mi oficina? ¡No en el comedor! ¡Estay dejando en claro que mi autoridad vale callampa!.. Bueno niños, una vez más su madre ha demostrado que valgo callampa. Pueden irse.
- Pero si no he dicho eso poh…
- ¿Qué no lo hay dicho? – Ya empezaba a escupir, tanto saliva como comida. - ¡Si conchetumadre! Esta wea ya es mucho, te estay pasando toda la wea por la raja.
El tomate cada vez estaba más rojo. Y cuando giré mi cabeza, noté que el señor dictador también.
Y lamentablemente, mi querida hermana solo lloraba y lloraba.
Y para colmo… Yo solo podía mirar esos malditos tomates.
- Puta la wea, para de hablar weas, si estay puro pasándote mi existencia por la raja. Cada vez te pareces más a la condesa chery y a sus secuaces… Si son familia poh.
- Ya, listo. Suficiente. Me voy – Dijo la señora, dándole al clavo, ya que era lo mejor que podía hacer.
- Váyanse todos.
Yo solo vi su cara de mein führer, que daba expectativas de quedarse tranquila por un máximo de 16 segundos. Por lo tanto, precisé que era el mejor momento para levantarme, sacar a mi hermana de ahí, y acabar con esa desagradable situación.
Para desgracia de mí, y en mayor forma, para ella misma, mi hermana no pretendía levantarse.
- Por favor dime donde está escrito eso – Dijo ella, empezando a exaltarse.
- ¿Disculpa? – Respondió el führer, preparándose para una nueva batalla.
- Eso poh, dime donde está escrito que nadie te puede decir nada.
Yo tomé mi vaso, miré a mi hermana sin entender su necesidad de lucha, y emprendí caminata. Me topé con mi madre en el camino, y creo que su descontento era igual al mío. Al llegar a mi habitación, solo me senté, vi el mensajero, e inicié la conversación con un par de personas.
Fue entonces cuando le pedí al señor Bobby Marley que me cantara algo. Por favor, tan solo que cantara algo bueno para mí… Porque cuando su canto inicie, yo se que los gritos empezaran a destruir las humildes paredes de este hogar que solo busca calmarse.

Lo fascinante que puede ser el liquido de Irlanda.

- ¿Cómo estás hombre?
- Bien, bien… Cansado – Respondí.
La caminata que emprendimos después, fue solo una pequeña ruta para que nuestra monotonía se tragara nuestros sentidos. Las conversaciones de nada, y el dialogo de lo inexistente, se apoderaron del trayecto en un 100%.
- ¿Cansado? – Dijo un par de años después
- Tú no te aburres.
- Si, pero busco a un amigo para entretenerme.
- Yo solo tengo mi taza de té – Declaré.
Y, ¿Cómo fue que me transformaste en tal armatoste? Lo obsoleto de mi corazón solo enseña mi inutilidad, y tú solo ríes. Tus secuaces solo ríen. La gente solo ríe.
Quizás les sería útil gastar un poco de su salario y tiempo en tomar una pizca de té. Luego, si se atreviesen a tomar varias tazas, ya sería la hecatombe de hermosura en un universo donde la gente solo se dedica a saborear esa maldita coca cola que ha destronado la belleza del grandioso twinnings tea.
Y lo digo en serio… No es beberlo. Es Tomarlo. La diferencia es universal... Pregúntenle a un tal John Lennon.
- ¿Y que es de tu vida? – Preguntó, cuando ya no podía aguantarse.
- Nada muy interesante. Un rico chocolate me haría bien. ¿No tienes uno?
- Oh, no tengo. Lo lamento. – Dijo, echando abajo mis mil expectativas.
Guardé un silencio infinito, y caí sobre la cama… El techo lucía más amarillo que de costumbre.
Hacía dos noches, esa idea ilusa de pavimentar el suelo de mi habitación se había adueñado de mi pensar, y ahora estaba en el momento justo para sublimarla. Cemento, agua, y una pala. Tenía todo.
Fue entonces cuando la inoportuna personalidad tuya tuvo que aparecer.
Comete esta jeringa, destructivo animal… Es todo lo que tengo que decirte.
El salón era un tanto pequeño, y creo que una especie de claustrofobia empezó a agobiarme. La falta de ventanas y muebles era un tanto angustiante.
- Aquí están, limpias y sin germen alguno – Me dijo el hipócrita.
- Me sorprendes cada día más.
- Es la práctica hermano… La práctica hace al maestro.
- Nos vemos en unas horas, iré a buscar dinero, y luego un chocolate me espera en el centro de servicio más cercano.
Tal noche fue que logré entenderme. Tomé mi maleta, mi portaminas y mi cuadernillo, y emprendí un viaje que debía dirigirme a lo que colmaría mis intuiciones.
- No puedo creer que le regales esa ordinariez.
- ¿Tú opinas?
- Por completo, son horrendas.
- Dios, ¿y tu lavado? ¿Es que solo lo lavaste por misericordia?
Ya no me quedó nada claro.
Solo tomé mi báculo sagrado, lo clavé contra el suelo, y empezó a crecer en forma descontrolada. Así, salí suspendido por sobre la tierra, llegando a limites insospechados sobre las más altas nubes.
Ahí fue donde la nube voladora me pasó a buscar.
Menos mal que el rico desayuno de la mañana lo dejó todo más claro.