viernes, diciembre 02, 2005
Cuando dejamos el colegio
- ¡Yo soy el jefe aquí, y tú tení que obedecer mis ordenes! ¡Ya vay a ver las consecuencias! - Dijo.
Así fue como me cerraron las puertas.
martes, noviembre 22, 2005
Me encanta bailar con mi pareja (Y tal vez con sus amigas)
Raro cuestionamiento.
¿Que pasaría?
Derrepente, pasé de ese griterío alegre y enérgico, a ser una nada. A estar ahí... A ser solo para escuchar. Mi consuelo fue que al escuchar, tal vez viví un revoltijo de emociones tan hermoso que ni ella, ni nadie podrá hacerlo desaparecer de mi memoria.
El llevar horas de reflexión no me sirve de nada... Es solo la vida, la experiencia y el sentir lo que me pueden dar una certera respuesta.
Por ahora me queda una sola solución: Mi fe en el señor, en que me ayudará... En que nos ayudará. En que cuidará de mi como lo ha hecho por toda mi vida... En que nos cuidará como siempre. En que su calor nos abrazará como nunca ha dudado en hacerlo. En que nos enseñará una luz en medio de esas horrendas tinieblas. En que nos dirá una sola palabra para sanar por completo nuestra alma.
Y entre toda esta gente, no fuimos a encontrar
parecíamos predestinados para así bailar...
Tal vez podrán decir que soy un soñador,
pero no soy el unico.
De hecho, me encuentro acompañado por los más soñadores
y quien sabe,
tal vez nuestro sueño
construya nuestra nueva verdad.
Ojalá estuviera sintiendo tu vertigo...
Tal vez te podría dar esa cosa, que con tanto anhelo mi corazón te quiere entregar.
lunes, noviembre 07, 2005
Necesidad de canciones.
Ahí fue, en ese preciso instante, que ella abrió sus ojos hacia el techo y no pudo evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas.
El silencio se apoderó del comedor, y mientras yo solo comía mis tallarines, notaba que esos pequeños segundos tranquilos (si se les puede llamar así) estaban prontos a ser una explosión.
- Yo creo que hay que estar agradecidos por que tiene un buen chiquillo que la quiere…
- ¿Qué? – Dijo.
Justo ahí, en este preciso instante, fue que la destrucción decidió asomar su rostro.
- Eso poh, tu sabí. Si las niñas allá en Inglaterra…
- Ya, ya…
- Ellas cuando eran niñas…
Justo ahí estalló.
- ¡¿Y por qué conchetumadre tení que meter gente exterior a nuestro entorno en donde no tienen nada que ver?! – Gritó, con los ojos rojos y con un bolo alimenticio que casi caía por sus labios.
- Tranquilo, si yo solo digo…
- ¡Otra vez te viniste a pasar mi autoridad por la raja! ¡Por la conchetumadre tu estay dejando en claro que yo valgo callampa acá!
- Las niñas son solo un ejemplo…
- No, no, no. ¡No me vengai con weas! ¡Como no cachai que estas weas no se hablan en la mesa!
Yo solo miré la ensalada de tomates, que extrañamente cada segundo iba tomando un color más rojo. Incluso, creo que la lechuga del lado también se empezó a teñir de esa forma.
- Papá, pero, que te importa… - Interrumpió el único agente que no se había pronunciado
- ¡Puta la wea si tu mamá cree que esto es un lugar para llegar y tirar abajo al padre!
- Nada que ver. – Interrumpió la aludida.
- ¡Pero por la conchetumadre, si esta weona sabe que si yo tengo algún pensamiento, soy el padre, y tengo todo mi derecho para expresarlo, y ustedes solo tienen que acatar!
No pude evitar recordar una película que había visto esa misma mañana. “La caída” era el nombre… Mostraba el hundimiento del reino de un maldito dictador alemán, que además de ser un rufián, no se daba cuenta de que sus bigotes eran uno de los inventos más antiestéticos de la historia.
Aunque, lo del bigote no va al caso.
- Hombre, creo que te equivocas.
- No weón, no me equivoco. ¿Acaso no entendí que cuando tu me querí tirar mierda tení que hacerlo en la pieza, en la cama, o en mi oficina? ¡No en el comedor! ¡Estay dejando en claro que mi autoridad vale callampa!.. Bueno niños, una vez más su madre ha demostrado que valgo callampa. Pueden irse.
- Pero si no he dicho eso poh…
- ¿Qué no lo hay dicho? – Ya empezaba a escupir, tanto saliva como comida. - ¡Si conchetumadre! Esta wea ya es mucho, te estay pasando toda la wea por la raja.
El tomate cada vez estaba más rojo. Y cuando giré mi cabeza, noté que el señor dictador también.
Y lamentablemente, mi querida hermana solo lloraba y lloraba.
Y para colmo… Yo solo podía mirar esos malditos tomates.
- Puta la wea, para de hablar weas, si estay puro pasándote mi existencia por la raja. Cada vez te pareces más a la condesa chery y a sus secuaces… Si son familia poh.
- Ya, listo. Suficiente. Me voy – Dijo la señora, dándole al clavo, ya que era lo mejor que podía hacer.
- Váyanse todos.
Yo solo vi su cara de mein führer, que daba expectativas de quedarse tranquila por un máximo de 16 segundos. Por lo tanto, precisé que era el mejor momento para levantarme, sacar a mi hermana de ahí, y acabar con esa desagradable situación.
Para desgracia de mí, y en mayor forma, para ella misma, mi hermana no pretendía levantarse.
- Por favor dime donde está escrito eso – Dijo ella, empezando a exaltarse.
- ¿Disculpa? – Respondió el führer, preparándose para una nueva batalla.
- Eso poh, dime donde está escrito que nadie te puede decir nada.
Yo tomé mi vaso, miré a mi hermana sin entender su necesidad de lucha, y emprendí caminata. Me topé con mi madre en el camino, y creo que su descontento era igual al mío. Al llegar a mi habitación, solo me senté, vi el mensajero, e inicié la conversación con un par de personas.
Fue entonces cuando le pedí al señor Bobby Marley que me cantara algo. Por favor, tan solo que cantara algo bueno para mí… Porque cuando su canto inicie, yo se que los gritos empezaran a destruir las humildes paredes de este hogar que solo busca calmarse.
Lo fascinante que puede ser el liquido de Irlanda.
- Bien, bien… Cansado – Respondí.
La caminata que emprendimos después, fue solo una pequeña ruta para que nuestra monotonía se tragara nuestros sentidos. Las conversaciones de nada, y el dialogo de lo inexistente, se apoderaron del trayecto en un 100%.
- ¿Cansado? – Dijo un par de años después
- Tú no te aburres.
- Si, pero busco a un amigo para entretenerme.
- Yo solo tengo mi taza de té – Declaré.
Y, ¿Cómo fue que me transformaste en tal armatoste? Lo obsoleto de mi corazón solo enseña mi inutilidad, y tú solo ríes. Tus secuaces solo ríen. La gente solo ríe.
Quizás les sería útil gastar un poco de su salario y tiempo en tomar una pizca de té. Luego, si se atreviesen a tomar varias tazas, ya sería la hecatombe de hermosura en un universo donde la gente solo se dedica a saborear esa maldita coca cola que ha destronado la belleza del grandioso twinnings tea.
Y lo digo en serio… No es beberlo. Es Tomarlo. La diferencia es universal... Pregúntenle a un tal John Lennon.
- ¿Y que es de tu vida? – Preguntó, cuando ya no podía aguantarse.
- Nada muy interesante. Un rico chocolate me haría bien. ¿No tienes uno?
- Oh, no tengo. Lo lamento. – Dijo, echando abajo mis mil expectativas.
Guardé un silencio infinito, y caí sobre la cama… El techo lucía más amarillo que de costumbre.
Hacía dos noches, esa idea ilusa de pavimentar el suelo de mi habitación se había adueñado de mi pensar, y ahora estaba en el momento justo para sublimarla. Cemento, agua, y una pala. Tenía todo.
Fue entonces cuando la inoportuna personalidad tuya tuvo que aparecer.
Comete esta jeringa, destructivo animal… Es todo lo que tengo que decirte.
El salón era un tanto pequeño, y creo que una especie de claustrofobia empezó a agobiarme. La falta de ventanas y muebles era un tanto angustiante.
- Aquí están, limpias y sin germen alguno – Me dijo el hipócrita.
- Me sorprendes cada día más.
- Es la práctica hermano… La práctica hace al maestro.
- Nos vemos en unas horas, iré a buscar dinero, y luego un chocolate me espera en el centro de servicio más cercano.
Tal noche fue que logré entenderme. Tomé mi maleta, mi portaminas y mi cuadernillo, y emprendí un viaje que debía dirigirme a lo que colmaría mis intuiciones.
- No puedo creer que le regales esa ordinariez.
- ¿Tú opinas?
- Por completo, son horrendas.
- Dios, ¿y tu lavado? ¿Es que solo lo lavaste por misericordia?
Ya no me quedó nada claro.
Solo tomé mi báculo sagrado, lo clavé contra el suelo, y empezó a crecer en forma descontrolada. Así, salí suspendido por sobre la tierra, llegando a limites insospechados sobre las más altas nubes.
Ahí fue donde la nube voladora me pasó a buscar.
Menos mal que el rico desayuno de la mañana lo dejó todo más claro.
lunes, octubre 31, 2005
Melancolía otoñal en plena primavera.
Tras dos largas horas pensando en ella, me di cuenta que no sucedía nada. Ni hablaba ella, ni lo hacía yo. Solo había un silencio interminable, que con cada segundo, dejaba más rota mi mente.
Por eso, tomé su mano.
Nos vimos a los ojos, y creo que un par de palabras brotaron… Creo. Mis recuerdos no están claros a esta altura de la noche. El vino tiene mis recuerdos más que nublados. Tomé su mano, la levanté, y me siguió. Fuimos al patio, donde ninguno de los dos pudo evitar esbozar una alegre sonrisa, acompañada por unos ojos desenfrenadamente confundidos pero felices.
Otra vez silencio. Pero no era un silencio normal… Era un silencio contento. Así era mi silencio, contento, con ganas de cantar alto, para que el planeta supiera el sentir de mi corazón. Lamentablemente, su silencio no era el mismo. Era un silencio angustiado, tenso, que solo esperaba la oportunidad para escapar.
De esta forma, abrí la boca. Mi lengua dejó escapar esas palabras, que estuvieron escondidas en la garganta por muchos meses… Muchos.
Me miró, y no pudo contener su rostro de extrañeza.
Tal como lo habíamos previsto, se angustió. Solo supo quejarse, solo supo cuestionarse.
Y yo solo supe ver su hermoso rostro.
La pregunta en cuestión no era muy fácil de responder. Ni yo ni ella sabíamos la respuesta… Pero mi afirmación no era útil, solo era un dato más dentro de su vida.
Su relación con el otro ya era real.
Lo nuestro no era más q un par de sonrisas juguetonas.
Así fui a dormir, donde la distracción más interesante fue un jugo de manzana.
Bastante delicioso, pero lamentablemente, no lo suficiente para quitar lo agrio de mis sentidos.
Me gustas, y la seguridad con que se oye solo sirve para que escapes más y más.
domingo, octubre 16, 2005
La humildad de las hojas
Mi vida dependía de ello.
Mi sueldo dependía de ello.
¡Mi almuerzo dependía de ello!
Pero el gran e increíble problema era el siguiente: ¿Dónde diablos podrá estar?
Todo fue hace muchos años, en la tierra natal del pequeño conejo Andrés. Pero como no es la historia del conejo Andrés, no hablaremos del conejo Andrés.
Un niño iba feliz, corriendo por los parques, vestido de manera sencilla y graciosa… Sus zapatos eran lo único sobresaliente, ya que eran demasiado grandes para su pequeña edad, aunque extrañamente le entraban como anillo al dedo. El niño, de no más de 4 años, corría tras las hojas que caían en esa asombrosa tarde de otoño… El viento era novedoso y extraño, no se sentían ventiscas así desde hacía varios años, pero aún así esto no desanimaba al joven. De hecho, lo incentivaba, ya que así caían más y más hojas, de modo que el las podía perseguir y atrapar para luego regalarle las más bonitas a su prima, y a veces a su mamá.
La criada de la familia estaba encargada de cuidar al pequeño niño, pero estaba algo desinteresada en él, y se preocupaba más de cotorrear historias de amores lejanos y príncipes inexistentes con otras señoras de la misma edad en ese parque.
El niño, de nombre Jonás, quería bastante a la criada de la familia, pero de todos modos no le tenía el afecto que le tenía a su prima, o el que le tenía a su misma madre… Por lo mismo, no le prestaba mucha atención (Repito: de todas formas la quería).
Cuando ella le daba el pan en las tardes, cuando lo despertaba en las mañanas para ir a bañarse, cuando le ayudaba a subir a los caballos o cuando le acompañaba a los parques para correr tras las hojas, ahí si que la quería… Pero fuera de este tipo de acciones, no se percataba de su presencia.
Para ser sincero, ella tampoco se preocupó mucho de la presencia de él en ese momento.
Jonás, que perseguía a una grande y desteñida hoja que caía del lado opuesto del árbol, escuchó un extraño murmullo. Pero lo extraño no era el murmullo, sino que el murmullo iba dirigido a él.
No tenía muchos amigos, y con que alguien que no fuera la criada de la casa o su bella prima le hablara, se volvía el humano más feliz en la tierra.
Un niño, un poco más grande que Jonás, de un aspecto algo desaliñado, le señalaba a Jonás que lo siguiera.
Si, créanlo, ni siquiera se conocían y Jonás ya seguía sus órdenes.
Jonás siguió al niño… Pasó por diversos pasajes, sin muchos árboles, y se fue alejando del parque en el cual se encontraba con su criada. Luego de varios minutos de caminata sin parar, el niño que le indicaba el camino se había detenido.
- ¿Cómo te llamas? – Le dijo en un tono algo violento.
- Jonás… Jonás Marga. – Respondió el pequeño, algo dubitativo.
Jonás no sabía por qué había seguido al niño, ni donde se encontraba. Solo sabía una cosa, de la cual se dio cuenta en ese preciso instante: Se encontraba muy lejos del parque donde jugaba con su criada acechándolo. Miro a varios lados, solo veía muros sucios, y unas cuantas puertas algo descuidadas. Notó un pequeño perro vagabundo tirado en una esquina, lamiendo una botella de licor que estaba vacía.
- ¿Tienes dinero? – Dijo el niño, siempre algo exaltado.
- Eh, no… Está todo en mi alcancía.
- … Eres inservible.
Jonás no entendía la situación… ¿Cómo pasó de estar feliz de la vida jugando con esas hojas que caían en forma lenta y graciosa, a encontrarse en semejante basural? Ni notó que ese pequeño rato de caminata fueron casi 20 minutos.
Cuando era un bebé, una vez se perdió en la cocina… Su mamá estaba exaltadísima. Fue muy, muy gracioso… La criada de esos tiempos fue despedida por su mal trabajo. Lo distinto, es que la cocina estaba limpia.
En el parque la criada ya había notado la ausencia de Jonás, y además de asustada, se encontraba algo histérica. Gritaba por todos lados, buscaba y buscaba, pero a pesar de todos sus esfuerzos, jamás lo encontró.
Y así fue, yo estaba solo, solo, muy solo, en medio de la nada. El niño que se veía tan interesante me había dejado solo, y yo estaba ahí, solo, solo, muy solo.
Tomé una hoja, y la tiré al cielo… Obviamente que para que volara pues. Quizás tomaba un buen camino, y al seguirla llegaba al parquecito bonito.
Por desgracia, no pasó así. Solo fue a parar al hocico de un perrito que estaba langüeteando una fea botella.
Ah, dios mío… Sería una dura caída. Un maldito tropezón… Una endemoniada mala suerte.
Tenía dos opciones: O gritar, o huir. Y bueno, huí.
Inservible elección, ya que no podía huir… ¡No tenía a nadie siguiéndome! Ni el perro tenía ganas de seguirme… Era tal vez el ser más triste del mundo.
¿Pero saben qué? Me di cuenta que en verdad el lugar no era tan feo. Había cosas nuevas… Tal vez debía solo aprender a conocerlas.
Cuan dura sería la realidad. Cuan duro sería llegar y encontrarme con que todo volvía a ser igual.
Me saqué mis zapatos, y se los vendí al primer hombre que encontré caminando en las calles… Me miró fijamente, me preguntó por qué las quería vender. Le dije que no lo sabía bien, pero que yo confiaba en que sería mi primer buena inversión. Así, el buen precio de veinte tulipanes me sirvió para ganar el dinero suficiente.
Me encaminé a paso veloz por las calles del sector ese, tomandoles cada vez más el gusto… Eran bonitas, y sus arboles cada vez se volvían más hermosos. Las hojas empezaban a caer, y en realidad empezaba a pensar que lo mejor que podía hacer era vivir ahí con un lindo negocio de muñecos de barro.
Cada vez que daba un paso, aumentaba la velocidad… Cada vez andaba más rápido.
De repente, sin darme cuenta, me encontré corriendo. ¡Así es! Corría y corría… Y con cada pisotón, llegaba más lejos, encontrando la belleza del mundo, la hermosura del lugar.
Hasta que caí.
Tropecé.
Y una mujer me tomó en sus brazos, y me gritó. Me retó.
Era solo el parque… La criada… Y las hojas, que seguían cayendo.
jueves, agosto 25, 2005
Hazañas de una clase de lenguaje: 10 neologismos parasintéticos.
2- Hipernarigonismo (Sindrome de la familia Frei, afecta al tabique y a las fosas nasales)
3- Neoladrillismo (Moderna tecnica de construcción, aplicada en países del Oriente)
4- Hipergolear (Partido de fútbol pero con un marcador parecido a un partido de Basketball)
5- UltraPajarraco (... Sin comentarios.)
6- Extra-automovilizamiento (Acción de trasportarse en una estructura anexa a un automóvil u otro medio de transporte, ya sea terrestre, marítimo o aéreo, urbano o rural)
7- Amoderno (Obsoleto, pasado de moda)
8- Descompadrización (Ruptura absoluta de una relación amistosa entre dos hombres chilenos de características picarescas)
9- Hiperpichangon (Digase del hombre con un talento sobre el promedio en el arte de la pichanga)
10- Prechuteación (Momento previo al Tiro Libre. En él se miden la velocidad del viento, choque de la pelota, angulo de interacción de la patada)
Están todos invitados a agregar más.
martes, agosto 23, 2005
El caso de un peinado y un amante sin sentido.
Cada vez que abro mi ventana, y veo a esos infaltables pequeños andando en bicicleta, y uno que otro cartonero revisando los basureros públicos, no puedo evitar pensar en ti. Pese a que no hay relación alguna, mi mente no sale de ese letargo que me causa tu bella sonrisa, esos placenteros y suaves ojos que velan en tu rostro, y tu bella nariz, por el cual el agua de la ducha se lanza como cualquier tobogán…
Lo más aceptable que se me ocurre estar aquí me trae recuerdos, como el flujo de tus sentimientos expresados de manera incontrolable hacia mí, buscando tal vez algo que yo jamás te pude dar… Pero que ni yo se lo que es.
¿Cómo es que, entre tantos besos y abrazos, no pude notar que nos hacía falta? Mis ojos ciegos se encontraban bien abiertos, y aún así no me fije en como nosotros nos desmoronábamos poco a poco… Perdón, fue un error. Yo lo desmoronaba todo poco a poco.
El choque de nuestras manos era cada vez más falso, ni siquiera el sudor que desprendíamos de nuestros poros al sentir ese calor de ambas palmas logró que nuestras huellas se unieran y se formara una sola, la cual quizás lograría algo de confianza entre nosotros.
Me quedo aquí sin nada que hacer, solo vivir el sentimiento al que no logré dar vida en el momento indicado.
De todas maneras, ¿como es que no logré darme cuenta de nada? ¡Sí siempre me pareciste la mejor de todas! debía darte lo mejor, ¿O acaso estoy errando?
Extrañamente no lo hacía.
En un par de horas llegaran a mi casa unos amigos… Creo que tal vez eso me calme, ya que la humilde imagen que observo a través de mi ventana, de ese cartero que entrega cartas de cuentas y más cuentas de casa en casa, no me otorga la más pacifica de las ideas. Será bueno para distraerme un rato… Se ve bastante fácil.
Iré a buscar un par de cervezas, luego oscurecerá y llegarán estos tipos... Hablamos luego.
Y por si no te das cuenta, creo que aún me gusta tu peinado.
Y aún me da vergüenza decirlo…
domingo, julio 31, 2005
La playa y sus naranjas con engranajes y rodamientos.
Tanto como cuando vas por la calle caminando y te encuentras con esos vecos chelovecos que caminan de manera incansable por las avenidas principales, en búsqueda de una mujer bonita y de anatomía agradable, como esos niños que van con sus starrios abuelos por las calles, rumbo a ferias y a tiendas de cachivaches por módicas sumas como mil pesos, tienen su mente puesta fija en una cosa: Su objetivo. Ese objetivo es lo que a todos nosotros nos lleva a dar los grandes pasos, que nos conducen más lejos y que nos hacen crecer y madurar.
Pobre joven, el y sus drugos no estaban preparados para la estampida que estaría sobre ellos. Más bien, él no estaría preparando, ya que sus drugos serían los principales encargados de traicionarlo y dejarlo atrás.
Y esta maldita introducción no tiene más sentido que llegar a lo central: La debochca malvada y malévola, que con su hermosa talla y su muy suave schiya, simplemente atrapa al joven cheloveco para llevarlo a un mundo de fantasías y sueños que solo podrán ver luz cuando note la falsedad y la estrepitosa mentira que contiene esa relación llena de palabrería y chumchumeo.
¿Que sucederá con esta perversa debochca?
Solo el odinoco personaje principal es capaz de saber que sucederá… Pero de todos modos, solo hay una conclusión para este parrafo sin sentido y sin claridad:
Algarrobo is for lovers.
Al que le interese, las palabras en letra italica están extraídas del diccionario nadsat de "La Naranja Mecánica"... El que tenga ganas de entender el texto, porfavor dirigase a su biblioteca más cercana y compre el libro, o simplemente busque el diccionario en internet.
Recomiendo más la alternativa del libro.
sábado, julio 23, 2005
Inviernos y coquetería.
Sin embargo, no pasaba nada.
Él la miraba fijamente a los ojos... Esperaba su respuesta. Nunca había dicho nada igual, ni siquiera a su mamá, a pesar de que ella era la persona en la que más confiaba de todo el planeta.
Y seguía esperando, y viéndola fijamente... Siendo que ella no le decía nada. Solo miraba al suelo con ojos de tristeza y angustia. Solo trataba de correr hasta muy lejos, más allá de la casa de su tío, más allá que el colegio de su hermana... Más lejos que nunca.
Pasaron ya 5 minutos y Eugenio se aburrió. Se dio cuenta que jamás debió hacerlo.
- Cata, mejor me voy. – le dijo. Escondía todos sus sentimientos.
Ella no le respondió... Se quedo inmóvil. No entendía nada... No entendía por qué, ni como. Solamente sabía que no era justo... No era justo para él. Sabía que si le decía todo lo que sentía por él, él no estaría contento. De hecho... Sabía que si se lo decía, él podría reaccionar de la peor forma del mundo.
- ¿Por qué me dices eso Eugenio? ¿Me quieres?
- Si... Te quiero. Creo que nunca se lo dije a nadie. Ni a mi mami...
- Oh... Muchas gracias.
En ese instante él se dio cuenta de todo. Ella no lo quería como él a ella. Sus sentimientos no eran más que un chiste.
Eugenio quería gritar. Correr. Escapar. Pero ya había hablado.
Catalina... Ella solo pensaba en que hacer para que el no se sintiera mal.
Se encontraban inmóviles. No movían un solo pelo... hasta que de repente algo pasó en la mente de Eugenio. Él se acerco a ella, la abrazo, y luego se subió a su bicicleta y se marcho. Luego, llego a su casa, le dio un ultimo vistazo al vecindario, y entro.
Era el día de la mudanza...
Tras esa tarde, jamás la volvió a ver.
martes, julio 05, 2005
Un sabado de sorpresas y especulaciones. 3ra Sesión.
- Saluden a mi papá y a mi hermana. Son los únicos en casa, pero de todos modos así pasará todo más desapercibido.
Sin cuestionarnos, le hicimos caso. Caminamos rumbo al living, donde estaba su padre, al cual saludamos en forma cariñosa. Después de todo, el había reparado el auto de nuestro amigo, que ahora nos sería de gran utilidad. Luego, en el camino hacia la pieza de nuestro anfitrión, nos cruzamos con su hermana, quien también fue saludada por nosotros.
Cuando llegamos a la habitación, comenzó la conversación con Martín.
- ¿Tienes todo listo?
- Si, todo. Podemos irnos tranquilamente, no se me olvidó nada. – Dijo Martín.
Este tipo, Martín, se caracterizaba por su cuerpo de bajo tamaño, pero que al mismo tiempo era fornido, ancho y tosco. Incluso a veces podía parecer imponente… Cuando realmente estaba enojado. De todos modos, no era tan agresivo. Le gustaba mucho hacer payasadas en los momentos de relajo, y hacer reír a sus amigos.
Lamentablemente, este no era uno de esos momentos.
Se puso la mochila al hombro, y tras este corto e inútil tiempo en su casa, nos encaminamos a la salida. En el camino nos despedimos de su familia, ritual ya habitual siempre que se asistía a su hogar.
Abrió la camioneta, nos subimos, y empezamos a andar. Lamentablemente, la lluvia persistía, y los vidrios estaban tan empañados que no se podía ver nada hacia los lados. Pero la visión frontal era expedita, así que no había problemas respecto a aquello. Tomamos avenida Tomás Moro, hasta llegar a Bilbao, donde doblamos a la derecha, en dirección a Vespucio.
El auto tenía cierto mal olor, que realmente no me gustaba mucho, pero era lo que había que soportar para estar ahí. Lamentablemente, Kito no lo contenía, y sudaba, y producía unas expresiones faciales bastante retorcidas, en las que claramente demostraba su descontento. Tuve que darle una de esas miradas molestas para que se percatara de su desatinación, y así cambió esa expresión al instante.
Tuvimos que parar a una bencinera, ya que el auto estaba falto de gasolina. Martín me pidió algo de dinero, y tuve que darle tres mil pesos… Era poco, pero si gastaba el resto, no tendría el monto necesitado para el momento indicado.
Yo bajé, entré al minimarket, y en vez de dirigirme hacia la sección de bebidas alcohólicas y de mentas o chicles, fui directo a la caja. Me agaché, tomé un rico Súper Ocho 2.0, y lo compré.
No hay nada como el placer que produce el comer un súper ocho… Incalculable, para cualquier científico cerrado en las posibilidades matemáticas del placer.
Me senté, y entró Martín, que había estacionado su auto para comprar alguna provisión. Compró un hot dog, y se sentó a mi lado, empezando a engullirlo. Mientras tanto, Kito estaba ensimismado viendo los últimos datos de la revista Club Nintendo, cosa que realmente me avergüenza cuando estoy con él.
Martín me miró, y me dirigió la palabra:
- ¿Crees que todo saldrá en forma correcta? No sería primera vez que fallamos, y realmente me preocupa esto de la lluvia. Podría echarlo todo a perder.
- No te preocupes, no pasará nada. Llevamos todo bien guardado, y los negociantes dijeron que no iban a faltar… ¿O no?
- Tienes toda la razón, nada puede salir mal.
Cuando Martín terminó de decir eso, Kito me dijo en voz alta algo que me dio bastante vergüenza:
- ¡Hey! ¿Viste que salió un nuevo Zelda? Se ve bastante entretenido… Le diré a mi mamá que me lo regale para navidad.
- ¿Te podrías callar por un minuto? Eres vergonzoso… Ciertamente, me carga cuando hablas de toda esa mierda.
- Pero si cuando éramos pequeños siempre me invitabas a jugar play…
- No importa, eso ya pasó. Estamos en negocios, ¿Es que no te das cuenta? Maldito, ubícate.
- Tranquilo, si solo fue una equivocación – Dijo Martín, tratando de calmarme. Ciertamente, me estaba exaltando mucho para lo desapercibidos que habíamos pasado.
Terminé mi súper ocho, boté el papel, y salí al estacionamiento. Esperé a mis dos colegas, subimos, y emprendimos, nuevamente rumbo a Vespucio.
Llegando ya a la avenida, Martín me dijo algo sobre un arma… Simplemente, lo pasé en alto... Debió de haber sido una especie de chiste, o algo por el estilo.
Lamentablemente, cinco segundos más tarde, el auto se encontraba chocando con un poste, yo estaba manchado en sangre, Martín había perdido la conciencia, y atrás mío, Kito tenía una bala en la cabeza.
Hijos de puta.
Tonight, i'm a rock n' roll star.
miércoles, junio 29, 2005
The ease and desire of hunting someone you sometimes love.
Puede sonar un tanto cliché el texto de hoy, pero lamentablemente a estar horas de la madrugada, y escuchando The Cure como condenado, es lo único que sale de mi cabeza.
Simplemente es lo que se logra con ser uno mismo, con la abstinencia, con la espera, la paciencia. O logras tu objetivo, o simplemente llegas a un punto en el que tus pulmones se revientan y no puedes respirar… Lamentablemente a mi me pasa la segunda opción en una forma bastante seguida, pero eso ya va más ligado a mi forma biológica.
Me gustaría lograr mi objetivo, pero pareciese que la suerte no me quiere acompañar… Suena ilógico. De hecho, hasta para mi suena ilógico, ya que yo pensaba que estaba funcionando, pero cuando estas a las 1:42 AM de un día martes metido en tu computador, te das cuenta que realmente nada funciona.
You're so gorgeous I'll do anything
I'll kiss you from your feet
To where your head begins
You're so perfect you're so right as rain
You make me
Make me hungry again
Everything you do is irresistable
Everything you do is simply kissable
Why can't I be you?
Ya van tres elecciones indefinidas, nadie se decide, las candidatas no son seguras para la población, y el candidato principal es un mentecato que no sabe seleccionar una primera dama adecuada. La sociedad está angustiada, necesita a un buen líder para seguir, ya que lamentablemente el actual no sabe tomar decisiones. Es demasiado indeciso para ser el líder actual.
El corazón decide candidatearse, y el cerebro cree que esto es una emboscada ante su notable periodo de gobierno, debido a la envidia y al chaqueteo, pero no es así. Un pueblo desconsolado necesita cosas nuevas, necesita variar de la rutina, necesita quizás atreverse a hablar con las palabras reales, y no esconderlas bajo una maldita verborrea que no dice nada, y solo logra que la gente piense una cosa: “Que bonito que habla el tipejo este.”
Las glándulas sudoríparas se preparan para dar el golpe, y en el momento en el que la máxima autoridad iba a hacer la elección más importante para una vida que se mantendría en la monotonía, el corazón decidió saltar y aprovecharse de la ingenuidad del individuo. Su cuerpo se abalanzo sobre la pequeña, y así se inició un nuevo periodo, donde tal vez las ideas descabelladas e impulsivas iban a reinar ante la sensatez, ya que así la osadía llegaría a nuevos logros, que cambiarían la vida de la población.
Desde entonces, el joven y la niña empezaron una relación que quizás no puedan olvidar, y que por lo maligno de la vida, y lo malévolo que es el corazón del gobierno ajeno, quizás acabe de una forma que no podrán imaginar.
En fin, muchas canciones de The Cure se me vienen a la mente, pero son tantas que realmente me da lata nombrarlas. De todos modos, como soy un clásico inconsecuente, nombraré 2.
The Cure – Why can’t I be you?
The Cure – Lullaby
lunes, junio 20, 2005
Sueños que no se deben olvidar.
Todo empezó cuando me encontraba en el salón de clases, en la asignatura de lenguaje, entregando un trabajo bastante bello. Era un informe de cálculos, con varias ecuaciones y cosas por el estilo. Mi querida profesora los revisaba como si fuera pan comido, y a cada ejercicio le encontraba un error, así que nadie podía sacar una buena nota.
Luego de que revisara mi hermoso informe, me senté en una mesa, y con mis compañeros jugamos unas cuantas partidas de cartas pokemon.
Mientras yo jugaba, mi profesora revisó el informe de una niña llamada Malena. Todo iba bien, hasta que la pequeña dijo una extraña desubicación, y la profesora se indignó y la expulsó de la sala. Yo estaba sorprendido, ya que a ella nunca antes la habían echado, y porque esa profesora no era de las que echaban a sus alumnos.
Luego hubo recreo, y salí afuera del salón. El lugar era un tanto extraño, me encontraba en un barrio del viejo y lejano oeste, con calles de tierra y gente que utilizaba sombreros, cinturones con estuches para sus pistolas, y botas de cuero con sus respectivas espuelas de cow boy. Fue re extraño, pero bueno, pasaron unos minutos y tuvimos que regresar a la sala.
Adentro, Roberto era quien nos iba a tomar clases. Tuvimos un par de minutos de relajo, hasta que impuso el orden y empezó a pasar materia. Empezó a hablar de los citoplasmas y de hormonas con sus respectivas glándulas… Sinceramente, yo no entendía nada.
Todo iba bien, hasta que Roberto detuvo sus clases para decirle algo al curso:
- ¡¿Quieren que Malena regrese?! – Dijo el robusto profesor
- ¡Sí, queremos! – Respondió al unísono todo el curso.
Yo estaba sorprendido. Un minuto después, Malena regresó al aula y se encontraba tomando apuntes junto a todos nosotros. Y yo no entendía nada.
Me acerqué a Gonzalo, un compañero más, y le pregunté:
- ¿Cómo es esto de preguntar si es que quieres que la gente entre? Yo no sabía que lo hicieran…
- Siempre lo hace, es bastante útil. – Me aclaró mi compañero.
- Pero a mí nunca me hacen regresar cuando me expulsan de la sala…
- Es que cuando preguntan por ti todos se niegan frente a la pregunta.- Dijo, seguido de una carcajada.
Yo estaba indignado, pero la clase seguía y yo tenía que tomar apuntes. Me dediqué a anotar todo sobre el aparato de Golghi, y pensé estar entendiendo la materia.
De repente, sin que nadie alcanzara a reaccionar, la puerta de la sala se abrió de golpe. Todos dirigieron su mirada a la entrada, y todos encontraron lo mismo: Era Edipo Rey, el jefe de la mafia rusa.
El malvado jefe de la mafia rusa, siempre se había encargado de atormentar a los chicos de nuestro salón, y si no cumplían sus pedidos, podía ser muy macabro.
Junto a él, traía el cuerpo de un niño bastante deshidratado, que había sido transformado en un coyac de sabor tutifruti que al parecer llevaba varios días abierto y que no había sido comido ni lamido. Su aspecto era horrendo, y el dulce se rompía al rozar cualquier cosa. Mis compañeros se fijaron bien, y empezaron a comentar que era el cuerpo de un tal “Andrés Gómez”, un compañero nuestro, pero yo no tenía idea de quien era ese joven.
- Esto es lo que les pasara si no cumplen mí pedido… Lo quiero mañana mismo, y si no me hacen caso, la próxima victima será Alejandro.
Edipo Rey había hablado, y nosotros debíamos hacerle caso.
Pasaron los minutos, y Edipo se fue. Las clases siguieron, pero en ellas había una extraña tensión, además de que yo no entendía mucho de lo que sucedía, pero quería encontrar la solución.
Sonó el timbre del recreo… Era hora de salir al mundo de los Cow Boys.
Cuando me encontraba sentado en un escalón de madera, frente a la entrada de mi aula, apareció un viejo un tanto narigón en su caballo. Se bajó del caballo, se ordenó el cabello, y se dirigió hacia donde yo estaba. Se paró frente a mí, y me dirigió la palabra en forma precisa y dura:
- Hola Cristóbal, soy Quique Morandé. Se que no me conoces, pero vengo aquí para ayudarte a enfrentar a Edipo Rey. Soy del servicio de inteligencia Kike 21, y estamos trabajando para que el maldito mafioso detenga su negocio, y además así lo podamos arrestar. Necesito que te unas a mi equipo, es indispensable, ya que así tendremos a la gente necesaria para llevar a cabo nuestros planes. ¿Qué me dices?
Pasaron unos segundos en los que estuve procesando esta extraña pregunta, relacionada también con este extraño sujeto que me hablaba. Finalmente me decidí
- Cuenta conmigo. Iniciemos el trabajo sucio – Le dije, decidido a acabar con el malvado Edipo.
Quique me subió a su caballo, y velozmente nos dirigimos a lo que era una especie de cuartel de operaciones. Al cabo de unos 10 minutos ya habíamos llegado. Era un extraño granero, lleno de fardos y caballos que comían de ellos.
Se abrió la puerta del corral, pasamos por una gran habitación principal, nos bajamos del caballo, y salimos a una puerta que daba a un extenso patio, lleno de gente alineada en una forma que parecía un grupo de milicia en pleno cuartel esperando sus instrucciones para salir a la batalla.
- Este es el escuadrón que se encargara de luchar contra Edipo. – Me dijo Quique en forma orgullosa.
- Interesante. - Dije yo.
- Lo que me parece bastante extraño, es que se encuentren con esa vestimenta verde… Yo sabía que utilizarían el traje azul.
Cuando Quique dijo eso, acto seguido los militantes del escuadrón sacaron unas extrañas armas. Quique se alarmó, se dio vuelta y me sacó de ahí. Luego me pasó una extraña arma.
- Esta es la fosforigun. Tienes que sacar un fósforo de la caja, prenderlo y meterlo en este orificio. Luego soplas por el lado trasero, y saldrá una bala eficaz y asesina… Cuidado con estos tipos, están perfectamente entrenados.
Luego de darme esas instrucciones, saco su propia fosforigun, y salió corriendo al patio a luchar.
Aunque ustedes no lo crean, yo no entendía nada, pero sabía que debía defenderme.
Miré a mis lados, y ya tenía a tres militares rodeándome. Saqué mi fosforigun, y empecé a disparar.
Empezó una balacera incontrolable… Se escuchaba como se prendían fósforos, como salían disparados… Gente moría, y lo más extraño es que ya había recibido tres disparos en mi zona toráxica, y no me había pasado nada. Yo solo seguí disparando, ya que el ejercito era numeroso y debía vencerlo para poder escapar o al menos para poder llegar donde Quique y ver que podíamos hacer para vencer a Edipo.
Un tipejo algo viejo se acercó, y estaba prendiendo su fósforo frente a mí, cuando atiné y le di un certero golpe en el abdomen. Luego le disparé con la fosforigun, y el tipo ese ya era historia.
Me atraparon por la espalda, pero unas patadas sirvieron para escapar de esos tipos y luego la fosforigun hizo el resto.
Así fue por veinte minutos, hasta que me quedaban solo dos fósforos, pero los militares aún eran muchos. Prendí un fósforo para atacar, pero lamentablemente se apagó… Me quedaba uno solo. ¿Qué podía hacer? ¡No podía desperdiciar el fósforo! Me paré en seco y grité.
- ¡¿Alguien tiene fuego que me de?!
Para sorpresa mía, todos los militares se detuvieron, sin ninguna excepción. Me encontraba parado en medio de toda la gente, que no movía ni un pelo, y una mujer con su uniforme de soldado se me acercó.
- Toma, yo tengo este cigarrillo… Prende tu fósforo en el.
Prendí el fósforo, y antes de que pasara un segundo se reanudó la batalla, maté a un par de soldados más, incluyendo a la mujer, y todo iba viento en popa, excepto porque ya no tenía fósforos. Corrí velozmente hacia la salida del granero, cuando sonó mi celular.
Abrí los ojos, miré a mí alrededor… Dios mío, pero que desordenada estaba la cama. Tomé el celular, lo contesté. Era mi mamá.
- Hola Totito, ¿Cómo estás? Voy camino a la casa. – Me dijo mi queridísima madre.
- Bien mamá, algo mareado… Creo que me despertaste en el momento indicado.
Feliz cumpleaños papá. :)
Un saludo para toda la gente que estuvo preocupada por mí estos dias, y además les cuento que ya se vienen las continuaciones de las sesiones del sabado de sorpresas y especulaciones.
YA CHAO!
miércoles, junio 15, 2005
Un sabado de sorpresas y especulaciones. 2da Sesión.
Se metió sus robustas manos al bolsillo, sacó 300 pesos, hizo chasquear sus dedos, y al cabo de unos dos segundos el vendedorcillo ya se encontraba junto a nosotros.
- Un súper ocho y diez calugones pelayos por favor. – Dijo mi robusto amigo.
- Son tres gambitas compadre. – Le respondió el humilde vendedor.
- Acá tienes, ahora dame la comida.
- ¡Muchas gracias socio! – Comentó finalmente el vendedor, y le entregó al gordo los dulces que le acababa de vender.
Sin pensarlo dos veces, apenas tuvo la comida en su poder, el gordo escupió el chicle que tenía en su boca por la ventana, y luego inició la comilona, partiendo con dos calugas a la vez.
Como verán, mi amigo es algo adicto a estos dulces, pero tampoco deja escapar la oportunidad de comer un rico súper ocho.
Así, mientras mi amigo degustaba los confites, noté que ya no había clientes para el vendedor, por lo que se quedó junto a nosotros y se sentó en el asiento de el frente. Por un momento me imaginé que bajaría en la siguiente parada, pero desafortunadamente, se quedó, y más encima se puso a conversar con mi amigo.
- Oiga compadre, ¿Y usted a donde va?
- ¿Me hablas a mí? – Le respondió mi insaciable amigo, mientras lamía un asqueroso pedazo de un calugón.
- Obvio pues compadrito, si aquí al ladito es el único que tengo para parlar poh’. Y bueno, ¿Para donde va?
- Un poquito más para allá… A Tomás Moro con Colon. ¿Tú?
- Chita usted se queda acá en las casitas del barrio alto… No compadrito yo voy para Puente, así que tomaré esta micro hasta Vicuña con La Alameda y luego me viro para el hogar en otra micreli.
- Mira tú.
Por suerte para mis asqueados oídos, la conversación se acabó ahí, ya que estábamos a instantes de llegar a Colon. Le pegué una palmada en el hombro al obeso, me levanté, y esperé a que el también lo hiciera para bajar.
Cuando pisé el último escalón de la puerta de salida, miré hacia adentro y noté una cierta expresión de tristeza en la cara del vendedor.
Una vez abajo, le paré los carros instantáneamente a mi colega.
- Kito, ¿Cómo se te ocurre conversar con un tipo como ese? ¿Estás loco?
- Pero… Si no era un cretino, si es eso lo que piensas. Era bastante amable.
- No me importa, tenía cara de ser uno de esos tipos que se dedican a robar en las micros a la gente, después de darles confianza con una conversa amena… Quien sabe, te podría haber dejado hasta sin ropa, en las calles.
- Tú sabes que eso no pasaría, ya que tú estabas ahí conmigo.
Kito, conocido en el registro civil como Camilo Hernández… Nos conocemos desde los 12 años, y desde que lo conozco nunca aprendió a defenderse solo. Siempre me he tenido que encargar de hacer que la gente lo respete, ya que es un tanto temeroso e ingenuo.
Cuando éramos unos niños, recuerdo que el resto de los mañosos del barrio siempre le robaban sus canicas, y por ende, yo tenía que ir a recuperarlas unas horas después, ya que si no lo hacía tenía que aguantarme horas de llanto de Kito.
Siempre fue gordo… Y siempre fue adicto a los calugones pelayos. Será ingenuo, pero cuando se trata de esas calugas del demonio, es imposible que alguien lo estafe.
Tras esa corta conversación, nos dirigimos sin preguntarnos hacia el hogar de Martín. El tenía un automóvil, instrumento indispensable para el desarrollo la misión.
Luego de un corto minuto de caminata, llegamos a la entrada de su casa, la cual estaba un tanto demacrada… La lluvia había desprendido gran parte de la corteza podrida de su reja de madera, y había varios huecos en la misma. Cualquier ladronzuelo de segunda podría pasar esa barrera, sin tomar en cuenta que jamás sobrevivirían adentro.
Kito me dirigió una mirada un tanto angustiada y apresurada, la cual yo entendí de inmediato, y toqué el timbre de la casucha de Martín. Pasaron varios minutos, y el infeliz no abría, y me empecé a impacientar.
Solo quedaba gritar un par de veces… Unos cuantos “Alo” arreglarían el asunto.
pd: Un saludo para todo el mundo... y no está de más decir, que el que se quiera unir a este blogspot para poner sus lindos escritos, será aceptado... Es cosa de que me avise.
Muchos besitos y abrazos para todos!
martes, junio 14, 2005
Un sabado de sorpresas y especulaciones. 1ra Sesión.
Al despertar aquel sábado, me propuse llevar a cabo toda la misión. Al pie de la letra debían ser seguidos todos los pasos, ya que así ataría un montón de cabos sueltos difíciles de armar. Corrí las sabanas, me senté sobre la cama y, acto seguido, me levanté… Estiré un poco mi cuerpo, claro está, pero aún así no pude sacarme esos nudos malditos que me azotan desde hace unas cuantas semanas.
Abrí la llave de la ducha, que maliciosamente estaba más fría de lo normal, luego me duché y vestí. Me apliqué los perfumes indicados, encendí el computador para verificar unos datos en el Internet, revisé las debidas fichas, luego apagué esa maquina y abrí el refrigerador. No se veía mal, un pan con jamón y queso preparado en la rica sandwichera habría sido un manjar… Pero lamentablemente, había poco tiempo, así que decidí optar por el clásico Manjarate. Cuando terminé de saborear este manjar (Si, literalmente, manjar) de dioses, me encaminé hacia la puerta. Obviamente, en el camino hacia la puerta de salida saqué mi celular y mi billetera.
Antes de abrir la puerta revisé mi aroma… Era bastante rico, ya que la colonia había adornado bastante a ese asqueroso olor a sopaipilla que siempre han tenido mis axilas.
Cuando ya estaba abierta la puerta, divisé un gran problema para la misión: Llovía, y mi hermosa ropa (la cual no puedo decir que es cara, pero por suerte aparenta serlo) iba a ser empapada por unas malditas gotas de un inesperado temporal.
“Maldita sea, más trabajo”. Tuve que devolverme, buscar el paraguas en el closet para luego volver a salir.
Ahora que si me encontraba listo ante cualquier problema, salí al encuentro de mi aliado. Cerré la puerta con llave, caminé hasta el pórtico y luego tuve que realizar el mismo procedimiento de la llave, pero ahora con la reja de mi hogar.
- Hola huevón, ¿Cómo estás? – Dijo el gordo.
- Re bien… Algo estresado. Oye, ¿Cómo huelo?
- Nada fuera de lo común. Al menos lograste anular el olor a sopaipilla
- Fue bastante difícil, – Repliqué. – Pero finalmente lo logré. ¿Y tu paraguas? ¿O acaso esperas que te preste el mío?
- Es un poco obvio, ¿No crees? – Balbuceó, ciertamente con algunas dificultades ya que un extraño chicle le hacía difícil el pronunciar en forma correcta las palabras.
Lamentablemente el gordinflón hablaba en serio, y tuve que acarrearlo hasta el paradero de la micro con mi paraguas, tomando en cuenta que el infeliz usaba más de el 50% del espacio. Me mojé como pocas veces.
- Tengo hambre.
- Y yo estoy algo ansioso, metete tu hambre por el ano. – Respondí sin vacilar. Estaba un tanto aletargado.
- Ah, me carga cuando te pones así. Nos conocemos desde los 12 años, no te pongas imbecil ahora…
- Cállate, no me vengas con esa mierda. Hay que hacer las cosas rapido, así que o te mueres de hambre, o te comes tus brazos, pero lo que es yo, me importa un ano tu hambre. – Repetí.
Al cabo de unos 20 minutos de espera bajo esa molesta lluvia, llegó la micro. Un viejo un tanto pomposo era quien manejaba el bus, y realmente fue un tanto molesto el roce que se produjo al quitarle el boleto.
Las ansias me comían, y el sudor empezaba a molestarme al minuto de ver el reloj… Y este puto gordo nunca se callaba.
Hoy me siento mino
Ojala les guste chiquillos
y como me las doy de bakan, si alguien quiere formar parte de esto, me avisa y lo integro pues.. pa que suban sus lindos escritos :)
Y bueno eso, recuerden que con este blogspot ya no podré andar diciendo weas de como escribo, ahora uds califican :O
Ya
cuidense
besos y abrazos...
Disfrutad.