miércoles, junio 29, 2005

The ease and desire of hunting someone you sometimes love.

Puede sonar un tanto cliché el texto de hoy, pero lamentablemente a estar horas de la madrugada, y escuchando The Cure como condenado, es lo único que sale de mi cabeza.
Simplemente es lo que se logra con ser uno mismo, con la abstinencia, con la espera, la paciencia. O logras tu objetivo, o simplemente llegas a un punto en el que tus pulmones se revientan y no puedes respirar… Lamentablemente a mi me pasa la segunda opción en una forma bastante seguida, pero eso ya va más ligado a mi forma biológica.

Me gustaría lograr mi objetivo, pero pareciese que la suerte no me quiere acompañar… Suena ilógico. De hecho, hasta para mi suena ilógico, ya que yo pensaba que estaba funcionando, pero cuando estas a las 1:42 AM de un día martes metido en tu computador, te das cuenta que realmente nada funciona.


You're so gorgeous I'll do anything
I'll kiss you from your feet
To where your head begins
You're so perfect you're so right as rain
You make me
Make me hungry again


Everything you do is irresistable
Everything you do is simply kissable
Why can't I be you?



Ya van tres elecciones indefinidas, nadie se decide, las candidatas no son seguras para la población, y el candidato principal es un mentecato que no sabe seleccionar una primera dama adecuada. La sociedad está angustiada, necesita a un buen líder para seguir, ya que lamentablemente el actual no sabe tomar decisiones. Es demasiado indeciso para ser el líder actual.
El corazón decide candidatearse, y el cerebro cree que esto es una emboscada ante su notable periodo de gobierno, debido a la envidia y al chaqueteo, pero no es así. Un pueblo desconsolado necesita cosas nuevas, necesita variar de la rutina, necesita quizás atreverse a hablar con las palabras reales, y no esconderlas bajo una maldita verborrea que no dice nada, y solo logra que la gente piense una cosa: “Que bonito que habla el tipejo este.”
Las glándulas sudoríparas se preparan para dar el golpe, y en el momento en el que la máxima autoridad iba a hacer la elección más importante para una vida que se mantendría en la monotonía, el corazón decidió saltar y aprovecharse de la ingenuidad del individuo. Su cuerpo se abalanzo sobre la pequeña, y así se inició un nuevo periodo, donde tal vez las ideas descabelladas e impulsivas iban a reinar ante la sensatez, ya que así la osadía llegaría a nuevos logros, que cambiarían la vida de la población.
Desde entonces, el joven y la niña empezaron una relación que quizás no puedan olvidar, y que por lo maligno de la vida, y lo malévolo que es el corazón del gobierno ajeno, quizás acabe de una forma que no podrán imaginar.


En fin, muchas canciones de The Cure se me vienen a la mente, pero son tantas que realmente me da lata nombrarlas. De todos modos, como soy un clásico inconsecuente, nombraré 2.


The Cure – Why can’t I be you?
The Cure – Lullaby


lunes, junio 20, 2005

Sueños que no se deben olvidar.

Sinceramente, después de tantas ideas perdidas, te das cuenta que tienes que anotar tus sueños, por muy extraños que sean.
Todo empezó cuando me encontraba en el salón de clases, en la asignatura de lenguaje, entregando un trabajo bastante bello. Era un informe de cálculos, con varias ecuaciones y cosas por el estilo. Mi querida profesora los revisaba como si fuera pan comido, y a cada ejercicio le encontraba un error, así que nadie podía sacar una buena nota.
Luego de que revisara mi hermoso informe, me senté en una mesa, y con mis compañeros jugamos unas cuantas partidas de cartas pokemon.
Mientras yo jugaba, mi profesora revisó el informe de una niña llamada Malena. Todo iba bien, hasta que la pequeña dijo una extraña desubicación, y la profesora se indignó y la expulsó de la sala. Yo estaba sorprendido, ya que a ella nunca antes la habían echado, y porque esa profesora no era de las que echaban a sus alumnos.
Luego hubo recreo, y salí afuera del salón. El lugar era un tanto extraño, me encontraba en un barrio del viejo y lejano oeste, con calles de tierra y gente que utilizaba sombreros, cinturones con estuches para sus pistolas, y botas de cuero con sus respectivas espuelas de cow boy. Fue re extraño, pero bueno, pasaron unos minutos y tuvimos que regresar a la sala.
Adentro, Roberto era quien nos iba a tomar clases. Tuvimos un par de minutos de relajo, hasta que impuso el orden y empezó a pasar materia. Empezó a hablar de los citoplasmas y de hormonas con sus respectivas glándulas… Sinceramente, yo no entendía nada.
Todo iba bien, hasta que Roberto detuvo sus clases para decirle algo al curso:
- ¡¿Quieren que Malena regrese?! – Dijo el robusto profesor
- ¡Sí, queremos! – Respondió al unísono todo el curso.
Yo estaba sorprendido. Un minuto después, Malena regresó al aula y se encontraba tomando apuntes junto a todos nosotros. Y yo no entendía nada.
Me acerqué a Gonzalo, un compañero más, y le pregunté:
- ¿Cómo es esto de preguntar si es que quieres que la gente entre? Yo no sabía que lo hicieran…
- Siempre lo hace, es bastante útil. – Me aclaró mi compañero.
- Pero a mí nunca me hacen regresar cuando me expulsan de la sala…
- Es que cuando preguntan por ti todos se niegan frente a la pregunta.- Dijo, seguido de una carcajada.
Yo estaba indignado, pero la clase seguía y yo tenía que tomar apuntes. Me dediqué a anotar todo sobre el aparato de Golghi, y pensé estar entendiendo la materia.
De repente, sin que nadie alcanzara a reaccionar, la puerta de la sala se abrió de golpe. Todos dirigieron su mirada a la entrada, y todos encontraron lo mismo: Era Edipo Rey, el jefe de la mafia rusa.
El malvado jefe de la mafia rusa, siempre se había encargado de atormentar a los chicos de nuestro salón, y si no cumplían sus pedidos, podía ser muy macabro.
Junto a él, traía el cuerpo de un niño bastante deshidratado, que había sido transformado en un coyac de sabor tutifruti que al parecer llevaba varios días abierto y que no había sido comido ni lamido. Su aspecto era horrendo, y el dulce se rompía al rozar cualquier cosa. Mis compañeros se fijaron bien, y empezaron a comentar que era el cuerpo de un tal “Andrés Gómez”, un compañero nuestro, pero yo no tenía idea de quien era ese joven.
- Esto es lo que les pasara si no cumplen mí pedido… Lo quiero mañana mismo, y si no me hacen caso, la próxima victima será Alejandro.
Edipo Rey había hablado, y nosotros debíamos hacerle caso.
Pasaron los minutos, y Edipo se fue. Las clases siguieron, pero en ellas había una extraña tensión, además de que yo no entendía mucho de lo que sucedía, pero quería encontrar la solución.
Sonó el timbre del recreo… Era hora de salir al mundo de los Cow Boys.
Cuando me encontraba sentado en un escalón de madera, frente a la entrada de mi aula, apareció un viejo un tanto narigón en su caballo. Se bajó del caballo, se ordenó el cabello, y se dirigió hacia donde yo estaba. Se paró frente a mí, y me dirigió la palabra en forma precisa y dura:
- Hola Cristóbal, soy Quique Morandé. Se que no me conoces, pero vengo aquí para ayudarte a enfrentar a Edipo Rey. Soy del servicio de inteligencia Kike 21, y estamos trabajando para que el maldito mafioso detenga su negocio, y además así lo podamos arrestar. Necesito que te unas a mi equipo, es indispensable, ya que así tendremos a la gente necesaria para llevar a cabo nuestros planes. ¿Qué me dices?
Pasaron unos segundos en los que estuve procesando esta extraña pregunta, relacionada también con este extraño sujeto que me hablaba. Finalmente me decidí
- Cuenta conmigo. Iniciemos el trabajo sucio – Le dije, decidido a acabar con el malvado Edipo.
Quique me subió a su caballo, y velozmente nos dirigimos a lo que era una especie de cuartel de operaciones. Al cabo de unos 10 minutos ya habíamos llegado. Era un extraño granero, lleno de fardos y caballos que comían de ellos.
Se abrió la puerta del corral, pasamos por una gran habitación principal, nos bajamos del caballo, y salimos a una puerta que daba a un extenso patio, lleno de gente alineada en una forma que parecía un grupo de milicia en pleno cuartel esperando sus instrucciones para salir a la batalla.
- Este es el escuadrón que se encargara de luchar contra Edipo. – Me dijo Quique en forma orgullosa.
- Interesante. - Dije yo.
- Lo que me parece bastante extraño, es que se encuentren con esa vestimenta verde… Yo sabía que utilizarían el traje azul.
Cuando Quique dijo eso, acto seguido los militantes del escuadrón sacaron unas extrañas armas. Quique se alarmó, se dio vuelta y me sacó de ahí. Luego me pasó una extraña arma.
- Esta es la fosforigun. Tienes que sacar un fósforo de la caja, prenderlo y meterlo en este orificio. Luego soplas por el lado trasero, y saldrá una bala eficaz y asesina… Cuidado con estos tipos, están perfectamente entrenados.
Luego de darme esas instrucciones, saco su propia fosforigun, y salió corriendo al patio a luchar.
Aunque ustedes no lo crean, yo no entendía nada, pero sabía que debía defenderme.
Miré a mis lados, y ya tenía a tres militares rodeándome. Saqué mi fosforigun, y empecé a disparar.
Empezó una balacera incontrolable… Se escuchaba como se prendían fósforos, como salían disparados… Gente moría, y lo más extraño es que ya había recibido tres disparos en mi zona toráxica, y no me había pasado nada. Yo solo seguí disparando, ya que el ejercito era numeroso y debía vencerlo para poder escapar o al menos para poder llegar donde Quique y ver que podíamos hacer para vencer a Edipo.
Un tipejo algo viejo se acercó, y estaba prendiendo su fósforo frente a mí, cuando atiné y le di un certero golpe en el abdomen. Luego le disparé con la fosforigun, y el tipo ese ya era historia.
Me atraparon por la espalda, pero unas patadas sirvieron para escapar de esos tipos y luego la fosforigun hizo el resto.
Así fue por veinte minutos, hasta que me quedaban solo dos fósforos, pero los militares aún eran muchos. Prendí un fósforo para atacar, pero lamentablemente se apagó… Me quedaba uno solo. ¿Qué podía hacer? ¡No podía desperdiciar el fósforo! Me paré en seco y grité.
- ¡¿Alguien tiene fuego que me de?!
Para sorpresa mía, todos los militares se detuvieron, sin ninguna excepción. Me encontraba parado en medio de toda la gente, que no movía ni un pelo, y una mujer con su uniforme de soldado se me acercó.
- Toma, yo tengo este cigarrillo… Prende tu fósforo en el.
Prendí el fósforo, y antes de que pasara un segundo se reanudó la batalla, maté a un par de soldados más, incluyendo a la mujer, y todo iba viento en popa, excepto porque ya no tenía fósforos. Corrí velozmente hacia la salida del granero, cuando sonó mi celular.
Abrí los ojos, miré a mí alrededor… Dios mío, pero que desordenada estaba la cama. Tomé el celular, lo contesté. Era mi mamá.
- Hola Totito, ¿Cómo estás? Voy camino a la casa. – Me dijo mi queridísima madre.
- Bien mamá, algo mareado… Creo que me despertaste en el momento indicado.


















Feliz cumpleaños papá. :)
Un saludo para toda la gente que estuvo preocupada por mí estos dias, y además les cuento que ya se vienen las continuaciones de las sesiones del sabado de sorpresas y especulaciones.
YA CHAO!

miércoles, junio 15, 2005

Un sabado de sorpresas y especulaciones. 2da Sesión.

Llevábamos ya unos 15 minutos en la micro, cuando subió el clásico vendedor ambulante. Traía dulces al por doquier, y todos a 100 pesos. El repertorio contaba con Golazos, Súper Ochos, Alfajores y un combo de 5 calugones pelayo por el precio antes mencionado. Lamentablemente para él, a mi no me interesaban sus compras… Pero al zopenco que se encontraba al lado mío si le interesaban.
Se metió sus robustas manos al bolsillo, sacó 300 pesos, hizo chasquear sus dedos, y al cabo de unos dos segundos el vendedorcillo ya se encontraba junto a nosotros.
- Un súper ocho y diez calugones pelayos por favor. – Dijo mi robusto amigo.
- Son tres gambitas compadre. – Le respondió el humilde vendedor.
- Acá tienes, ahora dame la comida.
- ¡Muchas gracias socio! – Comentó finalmente el vendedor, y le entregó al gordo los dulces que le acababa de vender.
Sin pensarlo dos veces, apenas tuvo la comida en su poder, el gordo escupió el chicle que tenía en su boca por la ventana, y luego inició la comilona, partiendo con dos calugas a la vez.
Como verán, mi amigo es algo adicto a estos dulces, pero tampoco deja escapar la oportunidad de comer un rico súper ocho.
Así, mientras mi amigo degustaba los confites, noté que ya no había clientes para el vendedor, por lo que se quedó junto a nosotros y se sentó en el asiento de el frente. Por un momento me imaginé que bajaría en la siguiente parada, pero desafortunadamente, se quedó, y más encima se puso a conversar con mi amigo.
- Oiga compadre, ¿Y usted a donde va?
- ¿Me hablas a mí? – Le respondió mi insaciable amigo, mientras lamía un asqueroso pedazo de un calugón.
- Obvio pues compadrito, si aquí al ladito es el único que tengo para parlar poh’. Y bueno, ¿Para donde va?
- Un poquito más para allá… A Tomás Moro con Colon. ¿Tú?
- Chita usted se queda acá en las casitas del barrio alto… No compadrito yo voy para Puente, así que tomaré esta micro hasta Vicuña con La Alameda y luego me viro para el hogar en otra micreli.
- Mira tú.
Por suerte para mis asqueados oídos, la conversación se acabó ahí, ya que estábamos a instantes de llegar a Colon. Le pegué una palmada en el hombro al obeso, me levanté, y esperé a que el también lo hiciera para bajar.
Cuando pisé el último escalón de la puerta de salida, miré hacia adentro y noté una cierta expresión de tristeza en la cara del vendedor.
Una vez abajo, le paré los carros instantáneamente a mi colega.
- Kito, ¿Cómo se te ocurre conversar con un tipo como ese? ¿Estás loco?
- Pero… Si no era un cretino, si es eso lo que piensas. Era bastante amable.
- No me importa, tenía cara de ser uno de esos tipos que se dedican a robar en las micros a la gente, después de darles confianza con una conversa amena… Quien sabe, te podría haber dejado hasta sin ropa, en las calles.
- Tú sabes que eso no pasaría, ya que tú estabas ahí conmigo.
Kito, conocido en el registro civil como Camilo Hernández… Nos conocemos desde los 12 años, y desde que lo conozco nunca aprendió a defenderse solo. Siempre me he tenido que encargar de hacer que la gente lo respete, ya que es un tanto temeroso e ingenuo.
Cuando éramos unos niños, recuerdo que el resto de los mañosos del barrio siempre le robaban sus canicas, y por ende, yo tenía que ir a recuperarlas unas horas después, ya que si no lo hacía tenía que aguantarme horas de llanto de Kito.
Siempre fue gordo… Y siempre fue adicto a los calugones pelayos. Será ingenuo, pero cuando se trata de esas calugas del demonio, es imposible que alguien lo estafe.
Tras esa corta conversación, nos dirigimos sin preguntarnos hacia el hogar de Martín. El tenía un automóvil, instrumento indispensable para el desarrollo la misión.
Luego de un corto minuto de caminata, llegamos a la entrada de su casa, la cual estaba un tanto demacrada… La lluvia había desprendido gran parte de la corteza podrida de su reja de madera, y había varios huecos en la misma. Cualquier ladronzuelo de segunda podría pasar esa barrera, sin tomar en cuenta que jamás sobrevivirían adentro.
Kito me dirigió una mirada un tanto angustiada y apresurada, la cual yo entendí de inmediato, y toqué el timbre de la casucha de Martín. Pasaron varios minutos, y el infeliz no abría, y me empecé a impacientar.
Solo quedaba gritar un par de veces… Unos cuantos “Alo” arreglarían el asunto.



















pd: Un saludo para todo el mundo... y no está de más decir, que el que se quiera unir a este blogspot para poner sus lindos escritos, será aceptado... Es cosa de que me avise.
Muchos besitos y abrazos para todos!

martes, junio 14, 2005

Un sabado de sorpresas y especulaciones. 1ra Sesión.

Horas antes, ni imaginaba lo que el cruel destino deparaba. Era solo cuestión de tiempo para que mi plan, junto a todo lo que él conllevaba, se fuera a las pailas. ¿Cómo habría imaginado que ese joven iba a terminar siendo mi más grande aliado? Impensable, ni Da Vinci hubiera podido sacar semejantes deducciones.
Al despertar aquel sábado, me propuse llevar a cabo toda la misión. Al pie de la letra debían ser seguidos todos los pasos, ya que así ataría un montón de cabos sueltos difíciles de armar. Corrí las sabanas, me senté sobre la cama y, acto seguido, me levanté… Estiré un poco mi cuerpo, claro está, pero aún así no pude sacarme esos nudos malditos que me azotan desde hace unas cuantas semanas.
Abrí la llave de la ducha, que maliciosamente estaba más fría de lo normal, luego me duché y vestí. Me apliqué los perfumes indicados, encendí el computador para verificar unos datos en el Internet, revisé las debidas fichas, luego apagué esa maquina y abrí el refrigerador. No se veía mal, un pan con jamón y queso preparado en la rica sandwichera habría sido un manjar… Pero lamentablemente, había poco tiempo, así que decidí optar por el clásico Manjarate. Cuando terminé de saborear este manjar (Si, literalmente, manjar) de dioses, me encaminé hacia la puerta. Obviamente, en el camino hacia la puerta de salida saqué mi celular y mi billetera.
Antes de abrir la puerta revisé mi aroma… Era bastante rico, ya que la colonia había adornado bastante a ese asqueroso olor a sopaipilla que siempre han tenido mis axilas.
Cuando ya estaba abierta la puerta, divisé un gran problema para la misión: Llovía, y mi hermosa ropa (la cual no puedo decir que es cara, pero por suerte aparenta serlo) iba a ser empapada por unas malditas gotas de un inesperado temporal.
“Maldita sea, más trabajo”. Tuve que devolverme, buscar el paraguas en el closet para luego volver a salir.
Ahora que si me encontraba listo ante cualquier problema, salí al encuentro de mi aliado. Cerré la puerta con llave, caminé hasta el pórtico y luego tuve que realizar el mismo procedimiento de la llave, pero ahora con la reja de mi hogar.
- Hola huevón, ¿Cómo estás? – Dijo el gordo.
- Re bien… Algo estresado. Oye, ¿Cómo huelo?
- Nada fuera de lo común. Al menos lograste anular el olor a sopaipilla
- Fue bastante difícil, – Repliqué. – Pero finalmente lo logré. ¿Y tu paraguas? ¿O acaso esperas que te preste el mío?
- Es un poco obvio, ¿No crees? – Balbuceó, ciertamente con algunas dificultades ya que un extraño chicle le hacía difícil el pronunciar en forma correcta las palabras.
Lamentablemente el gordinflón hablaba en serio, y tuve que acarrearlo hasta el paradero de la micro con mi paraguas, tomando en cuenta que el infeliz usaba más de el 50% del espacio. Me mojé como pocas veces.
- Tengo hambre.
- Y yo estoy algo ansioso, metete tu hambre por el ano. – Respondí sin vacilar. Estaba un tanto aletargado.
- Ah, me carga cuando te pones así. Nos conocemos desde los 12 años, no te pongas imbecil ahora…
- Cállate, no me vengas con esa mierda. Hay que hacer las cosas rapido, así que o te mueres de hambre, o te comes tus brazos, pero lo que es yo, me importa un ano tu hambre. – Repetí.
Al cabo de unos 20 minutos de espera bajo esa molesta lluvia, llegó la micro. Un viejo un tanto pomposo era quien manejaba el bus, y realmente fue un tanto molesto el roce que se produjo al quitarle el boleto.
Las ansias me comían, y el sudor empezaba a molestarme al minuto de ver el reloj… Y este puto gordo nunca se callaba.

Hoy me siento mino

Bueno, y así empieza el blogspot de Bartitu...
Ojala les guste chiquillos
y como me las doy de bakan, si alguien quiere formar parte de esto, me avisa y lo integro pues.. pa que suban sus lindos escritos :)

Y bueno eso, recuerden que con este blogspot ya no podré andar diciendo weas de como escribo, ahora uds califican :O

Ya
cuidense
besos y abrazos...
Disfrutad.