- ¿Cómo estás hombre?
- Bien, bien… Cansado – Respondí.
La caminata que emprendimos después, fue solo una pequeña ruta para que nuestra monotonía se tragara nuestros sentidos. Las conversaciones de nada, y el dialogo de lo inexistente, se apoderaron del trayecto en un 100%.
- ¿Cansado? – Dijo un par de años después
- Tú no te aburres.
- Si, pero busco a un amigo para entretenerme.
- Yo solo tengo mi taza de té – Declaré.
Y, ¿Cómo fue que me transformaste en tal armatoste? Lo obsoleto de mi corazón solo enseña mi inutilidad, y tú solo ríes. Tus secuaces solo ríen. La gente solo ríe.
Quizás les sería útil gastar un poco de su salario y tiempo en tomar una pizca de té. Luego, si se atreviesen a tomar varias tazas, ya sería la hecatombe de hermosura en un universo donde la gente solo se dedica a saborear esa maldita coca cola que ha destronado la belleza del grandioso twinnings tea.
Y lo digo en serio… No es beberlo. Es Tomarlo. La diferencia es universal... Pregúntenle a un tal John Lennon.
- ¿Y que es de tu vida? – Preguntó, cuando ya no podía aguantarse.
- Nada muy interesante. Un rico chocolate me haría bien. ¿No tienes uno?
- Oh, no tengo. Lo lamento. – Dijo, echando abajo mis mil expectativas.
Guardé un silencio infinito, y caí sobre la cama… El techo lucía más amarillo que de costumbre.
Hacía dos noches, esa idea ilusa de pavimentar el suelo de mi habitación se había adueñado de mi pensar, y ahora estaba en el momento justo para sublimarla. Cemento, agua, y una pala. Tenía todo.
Fue entonces cuando la inoportuna personalidad tuya tuvo que aparecer.
Comete esta jeringa, destructivo animal… Es todo lo que tengo que decirte.
El salón era un tanto pequeño, y creo que una especie de claustrofobia empezó a agobiarme. La falta de ventanas y muebles era un tanto angustiante.
- Aquí están, limpias y sin germen alguno – Me dijo el hipócrita.
- Me sorprendes cada día más.
- Es la práctica hermano… La práctica hace al maestro.
- Nos vemos en unas horas, iré a buscar dinero, y luego un chocolate me espera en el centro de servicio más cercano.
Tal noche fue que logré entenderme. Tomé mi maleta, mi portaminas y mi cuadernillo, y emprendí un viaje que debía dirigirme a lo que colmaría mis intuiciones.
- No puedo creer que le regales esa ordinariez.
- ¿Tú opinas?
- Por completo, son horrendas.
- Dios, ¿y tu lavado? ¿Es que solo lo lavaste por misericordia?
Ya no me quedó nada claro.
Solo tomé mi báculo sagrado, lo clavé contra el suelo, y empezó a crecer en forma descontrolada. Así, salí suspendido por sobre la tierra, llegando a limites insospechados sobre las más altas nubes.
Ahí fue donde la nube voladora me pasó a buscar.
Menos mal que el rico desayuno de la mañana lo dejó todo más claro.
lunes, noviembre 07, 2005
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