lunes, noviembre 07, 2005

Necesidad de canciones.

- Te tienes que dar cuenta que no estás casada, simplemente estás pololeando… No estay ni casada, y mucho menos de novia. ¿Cachai weón?
Ahí fue, en ese preciso instante, que ella abrió sus ojos hacia el techo y no pudo evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas.
El silencio se apoderó del comedor, y mientras yo solo comía mis tallarines, notaba que esos pequeños segundos tranquilos (si se les puede llamar así) estaban prontos a ser una explosión.
- Yo creo que hay que estar agradecidos por que tiene un buen chiquillo que la quiere…
- ¿Qué? – Dijo.
Justo ahí, en este preciso instante, fue que la destrucción decidió asomar su rostro.
- Eso poh, tu sabí. Si las niñas allá en Inglaterra…
- Ya, ya…
- Ellas cuando eran niñas…
Justo ahí estalló.
- ¡¿Y por qué conchetumadre tení que meter gente exterior a nuestro entorno en donde no tienen nada que ver?! – Gritó, con los ojos rojos y con un bolo alimenticio que casi caía por sus labios.
- Tranquilo, si yo solo digo…
- ¡Otra vez te viniste a pasar mi autoridad por la raja! ¡Por la conchetumadre tu estay dejando en claro que yo valgo callampa acá!
- Las niñas son solo un ejemplo…
- No, no, no. ¡No me vengai con weas! ¡Como no cachai que estas weas no se hablan en la mesa!
Yo solo miré la ensalada de tomates, que extrañamente cada segundo iba tomando un color más rojo. Incluso, creo que la lechuga del lado también se empezó a teñir de esa forma.
- Papá, pero, que te importa… - Interrumpió el único agente que no se había pronunciado
- ¡Puta la wea si tu mamá cree que esto es un lugar para llegar y tirar abajo al padre!
- Nada que ver. – Interrumpió la aludida.
- ¡Pero por la conchetumadre, si esta weona sabe que si yo tengo algún pensamiento, soy el padre, y tengo todo mi derecho para expresarlo, y ustedes solo tienen que acatar!
No pude evitar recordar una película que había visto esa misma mañana. “La caída” era el nombre… Mostraba el hundimiento del reino de un maldito dictador alemán, que además de ser un rufián, no se daba cuenta de que sus bigotes eran uno de los inventos más antiestéticos de la historia.
Aunque, lo del bigote no va al caso.
- Hombre, creo que te equivocas.
- No weón, no me equivoco. ¿Acaso no entendí que cuando tu me querí tirar mierda tení que hacerlo en la pieza, en la cama, o en mi oficina? ¡No en el comedor! ¡Estay dejando en claro que mi autoridad vale callampa!.. Bueno niños, una vez más su madre ha demostrado que valgo callampa. Pueden irse.
- Pero si no he dicho eso poh…
- ¿Qué no lo hay dicho? – Ya empezaba a escupir, tanto saliva como comida. - ¡Si conchetumadre! Esta wea ya es mucho, te estay pasando toda la wea por la raja.
El tomate cada vez estaba más rojo. Y cuando giré mi cabeza, noté que el señor dictador también.
Y lamentablemente, mi querida hermana solo lloraba y lloraba.
Y para colmo… Yo solo podía mirar esos malditos tomates.
- Puta la wea, para de hablar weas, si estay puro pasándote mi existencia por la raja. Cada vez te pareces más a la condesa chery y a sus secuaces… Si son familia poh.
- Ya, listo. Suficiente. Me voy – Dijo la señora, dándole al clavo, ya que era lo mejor que podía hacer.
- Váyanse todos.
Yo solo vi su cara de mein führer, que daba expectativas de quedarse tranquila por un máximo de 16 segundos. Por lo tanto, precisé que era el mejor momento para levantarme, sacar a mi hermana de ahí, y acabar con esa desagradable situación.
Para desgracia de mí, y en mayor forma, para ella misma, mi hermana no pretendía levantarse.
- Por favor dime donde está escrito eso – Dijo ella, empezando a exaltarse.
- ¿Disculpa? – Respondió el führer, preparándose para una nueva batalla.
- Eso poh, dime donde está escrito que nadie te puede decir nada.
Yo tomé mi vaso, miré a mi hermana sin entender su necesidad de lucha, y emprendí caminata. Me topé con mi madre en el camino, y creo que su descontento era igual al mío. Al llegar a mi habitación, solo me senté, vi el mensajero, e inicié la conversación con un par de personas.
Fue entonces cuando le pedí al señor Bobby Marley que me cantara algo. Por favor, tan solo que cantara algo bueno para mí… Porque cuando su canto inicie, yo se que los gritos empezaran a destruir las humildes paredes de este hogar que solo busca calmarse.

4 comentarios:

Pato.M. dijo...

Que terrible tu texto bartits.
Y lo peor es que pasa seguido, y con más violencia.
Qué puede hacer un católico en un contexto así?

De verdad quiero que me respondas esa pregunta.

Anónimo dijo...

jajaj ta muy buena su historia
+
como ek la empeze a leer y me acorde de la wea ke me dijiste pal karrete de la peke xD
eso de ..pero no estay casada!
xD jaja
t kero barto t felicito por su graan mente =)

Natalia dijo...

Excelente la historia.
Me gusta leerte, pero nunca te dejo un post.
Jo! olvidadiza pa variar!

Anónimo dijo...

uuf complicao leer algo asi cuando uno vive algo por el estilo de vez en cuando... creo q nadie se puede librar de esas cosas.. aunque es una buena pregunta la de pato
en too caso weno el texto ;)